domingo, 23 de junio de 2013

(2) DESARROLLO ASTRAL Y MENTAL


Amados estudiantes:

                                             Estáis dotados de dones que os acompañan y que debéis desarrollar. Poseéis mente, que os permite reflexionar y discurrir entre el mar complejo de conceptos e ideas y tenéis un principio llamado astral, el cual os permite “sentir”. Ambos principios, el mental y el astral, compenetran al cuerpo físico, el principio constitutivo más denso en el plano físico cósmico.

Queremos hoy dar una instrucción especial respecto de esos dos principios constitutivos de vuestra naturaleza humana: el astral y el mental; porque es allí donde se presenta la mayor traba para el avance espiritual de los estudiantes. No nos detendremos a describir en detalle estos dos principios, porque ya tenéis instrucción detallada en tal sentido que fue dada a la humanidad hace tiempo. Todas las escuelas metafísicas y esotéricas tienen información al respecto, y en general, bastante correcta. Aquí vamos a basarnos en esos conocimientos que ya poseéis; es decir, que esta lección podrá ser bien asimilada por los estudiantes que ya han dado el primer paso, el de estudiar la constitución humana oculta. Quien no lo haya hecho aún, tendrá mayor dificultad para entender correctamente lo que en adelante se explicará.

Comenzaremos con el PRINCIPIO ASTRAL. Este principio posee 4 grados de desarrollo. El primer grado de desarrollo corresponde a la etapa inicial de vida individual autoconsciente, es decir, a la serie de reencarnaciones que el alma humana atraviesa desde el momento de la individualización de la mónada hasta su primer indicio de despertar consciente. Esto ocupa, para la mónada en proceso “ascendente”, cientos de vidas. Durante esta 1ª etapa, el Ego (en su cuerpo causal) está aún adormecido como en un tranquilo sueño, y el avance es lento y pleno de dificultades. El peregrino aún no conoce las Leyes Universales, y por lo tanto su caminar es  a ciegas y es por ello que se topa con experiencias de vida en las que incurre en error permanentemente. El camino es aquí a través del error y el dolor, razón por la cual en esta 1ª etapa el aprendizaje es tan lento, pero las huellas que deja en el cuerpo causal, aunque sea pocas, son profundas.

            El principio corporal  astral es para el ser humano en esta etapa, como un espejo sensible a emociones muy básicas y densas, reflejándose sólo condiciones como el instinto de supervivencia, el miedo, la ira, el instinto sexual, el hambre y la sed, etc. (y aunque éstas últimas son más físicas que astrales, tienen incidencia astral). Por lo tanto el principio astral responde en este ciclo inicial solo con una porción de sus posibilidades latentes; con la porción más densa e inferior de su estructura, los subplanos 5to, 6to y 7mo; mientras que los subplanos desde el 1ro (el superior y más sutil) al 4to, aún permanecen inactivos.

            Hasta aquí podemos ver que en las experiencias relacionadas con la 1ª etapa de evolución del hombre, solo parte de sus principios comienzan a funcionar, activándose la materia correspondiente a la parte más densa y material de su naturaleza. Ahora bien, cuando el principio evolutivo y constructivo de los principios inferiores del templo humano está ya maduro en su 1ª etapa (y esto ocurre al “llenarse” los subplanos 5to, 6to y 7mo de vibraciones correspondientes que han dado “vida” y movimiento a esa parte del plano astral), entonces un rayo desde la región superior, espiritual, desciende al cuerpo causal, refractándose esta energía en la región astral-mental. Éste, podría decirse que es como “el 1er “llamado” del espíritu al alma humana. Es incipiente, casi inconsciente, pero muy efectivo, pues en el hombre se despierta por primera vez un interés distinto de las atracciones materiales y básicas que hasta ahora eran el motivo de su vida; se siente atraído por el arte, o por la religión, o tiene un fuerte interrogante sobre su vida que lo lleva a la filosofía… Lo cierto, es que encuentra una motivación diferente, por primera vez. Esto puede “sentirlo”, porque el rayo espiritual que ha descendido desde sus principios superiores (Átmico-monádico) moviliza y hace vibrar de especial manera, y por 1ra vez, el 4to subplano de la materia astral de su constitución; es por este motivo que para el ser humano en esta etapa, es algo nuevo y revelador lo que comienza a vivir. Es un verdadero “despertar”, a ese nivel.

            El 4to subplano del principio astral es el intermedio, y como tal, es el “subplano bisagra” entre lo superior y lo inferior.  Mientras los 3 subplanos más densos del astral adquieren “vida” en virtud del roce material en la vida física, los 3 subplanos más sutiles (1ro, 2do y 3ro) recogen materia de vitalización en virtud de su contacto con la vida anímica y con los principios superiores. Por lo tanto, el 4º subplano estará sujeto en esta etapa a un “bombardeo” desde lo inferior, físico y denso; y desde lo superior (aunque al principio, con menor fuerza e incidencia que lo inferior)

           
            Esta nueva etapa, la 2da de las cuatro, es la de desarrollo astral que lleva al peregrino a su primera iniciación menor, y es la correspondiente al ‘primer despertar’, el que produce un “despegue” en el hombre de su parte animal e instintiva hacia lo superior. Este “llamado” no puede catalogarse en la primera etapa del despertar como algo realmente “espiritual”, ya que como dijimos es solo el reflejo de la Voluntad monádica que en forma muy imperfecta aún, hace impacto en la región de la personalidad humana. Sin embargo, es el inicio de un nuevo camino, y muy importante es. En la humanidad actual aún existe un grupo no menor, que no ha llegado a este paso; y es desde este paso en adelante, que el proceso de despertar progresivo del sueño de la materia comienza a desplegarse y a suceder.

            En síntesis, la 2da etapa en el desarrollo del principio astral corresponde al despertar vibracional del punto medio (4to subplano) del principio astral. La consumación de la 2da etapa de desarrollo astral ocurre cuando la materia del 4to subplano de este principio ha ganado influencia superior y se ha establecido con mayor eficacia.

Siendo este subplano intermedio una región “de lucha”, entre las atracciones de lo inferior y las influencias de lo superior, se establece con solidez la 2da etapa de desarrollo astral al predominar, en el 4to subplano, las influencias superiores sobre las inferiores. Aunque la “lucha interior” sigue, y seguirá todavía por mucho tiempo más, la primera gran batalla ha sido ya ganada, y se puede decir que el Ego, en su plano causal (mental superior) despierta de su tranquilo sueño, aunque levemente. Esto coincide con la consumación de la 1ª iniciación. Como se podrá ver, todo se corresponde y se relaciona.

            La 3ra etapa referente al desarrollo del principio astral, ocurre en dos sentidos simultáneamente, ya que a medida en que se va despertando materia del 3er subplano, comienza una gran purificación de toda la materia astral inferior. Este proceso corresponde a la 2ª iniciación menor.

Aquí cabe una aclaración; se ha señalado una correspondencia entre las tres primeras iniciaciones humanas y los tres principios más densos de la constitución del hombre; diciendo que la 1ª iniciación se relaciona con el principio físico, la 2ª con el astral, y la 3ª con el principio mental y sus respectivos desarrollos. Esto es una simplificación que presta a confusión. Durante las iniciaciones se mueven energías combinadas en diferentes chakras de la persona humana y en varios sectores de su constitución a la vez, por lo cual solo a grandes rasgos es correcta tal declaración.

            No obstante, cierto es que en esta nueva etapa correspondiente a la 2º iniciación, una gran movilización de energías astrales tienen lugar; una especial metamorfosis del “sentir” se lleva a cabo. Esto ocurre de la siguiente manera:

            Energías búdicas influenciadas por la Mónada hacen impacto en los subplanos superiores del principio astral con notable incidencia en el “sentir”. Estas energías son de esencia de Unidad, Amor inclusivo, que producen, por correspondencia, un conflicto con las emociones egoístas que vibran en los 3 subplanos más densos de materia astral. Este impacto de Buddhi en el astral superior (que despierta vibraciones especialmente en el 3er subplano) choca con las estructuras vibracionales de separatividad egoísta y egocentrismo de la región inferior del astral; y el impacto es tan poderoso que el conflicto psicológico es inevitable en esta etapa.

El impacto poderoso de Buddhi en la personalidad lleva muchas veces a las conocidas experiencias místicas en las diferentes religiones, pero que conviven visiblemente acompañadas de conflicto. Vivencias místicas del “Cielo” y del “Amor de Dios” son vividas en contraste con situaciones de duelos con el “Diablo” o con el “Demonio”, que como cuentan muchos místicos, desea ganar las almas para su redil, quitándoselas así al “rebaño del Señor”. Esto es más visible en el Cristianismo, pero ocurre también, a su propio modo, en todas las religiones.

En realidad, no existe ningún “Diablo” queriendo apoderarse del alma del peregrino. Lo que ocurre es que las energías astrales densificadas en los 3 subplanos inferiores tienen vida propia, y se comportan como si fuesen un ente separado del individuo, quien ha comenzado a sentir “lo superior” como propio. Entonces, todo el ‘astral inferior’, con sus tendencias y hábitos milenarios, queda recluido a un plano más inconsciente, desde donde lucha por prevalecer y dominar a la personalidad; lucha por mantener el dominio que por largo tiempo tuvo en la primera etapa de evolución humana, durante cientos de vidas. ¿No sería lógico deducir, que tales energías astrales generadas y alimentadas por tanto tiempo no conservasen acaso fuertes tendencias a hacerse sentir…?

En síntesis, en esta 3ª etapa de desarrollo del principio astral, la vibración de Buddhi gana terreno en la parte superior del astral, ocurriendo a la vez una gran purificación del astral inferior. Esto produce la consumación de la 2ª iniciación, dando como fruto el despertar de un sentimiento inegoista y compasivo en el corazón del peregrino, aunque todavía con imperfecciones e impurezas.

El 4to grado de desarrollo del principio astral ocurre con el despertar vibracional de la materia sutil correspondiente a los dos subplanos superiores. Es en esta región donde Buddhi se puede reflejar con mayor claridad, haciendo reverberar su sustancia y esencia. Esto corresponde al transcurso de las iniciaciones 3ª y 4ª, estando la 3ª vinculada al desarrollo de la mente y la 4ª al despertar claro de la Intuición; (explicación muy básica, que solo se da a manera de ubicación en el contexto).

Vale aquí una aclaración para los estudiantes: La palabra “principio” se ha utilizado hasta este momento, sin utilizar otros vocablos, como “vehículo” o “cuerpo”. Es decir que hemos hablado de “principio astral”, y no de “vehículo” o “cuerpo astral”, como suelen emplear muchos estudiantes, debido a que los ‘principios’ (7 en la constitución humana) son materiales constitutivos de su naturaleza espiritual, álmica y física, y están al comienzo de la evolución “vacíos”. Esto quiere decir que un ‘principio’ debe llenarse con materia consciente para llegar a convertirse en “vehículo” y “cuerpo”.

Recién en la 4ta etapa del desarrollo astral podemos comenzar a decir que el peregrino posee un “vehículo astral”. Lo mismo vale al considerar el “principio mental”.

De esto se deduce, que el hombre completo, realizado, es quien ha despertado con materia consciente vivificante todos los principios de su constitución septenaria. Recién allí, podemos decir que el hombre está plenamente desarrollado. Este es el arquetipo fusionado con el logro; este es el Adepto.

Habiendo ya expresado los lineamientos de las 4 etapas del progreso astral, vamos ahora a considerar el PRINCIPIO MENTAL.

Mientras el principio astral prosigue su proceso de purificación en la región inferior de su constitución, y de despertar vibracional de su área superior, como se explicó; comienza en este punto, después de la 2ª iniciación, una etapa diferente, vinculada al desarrollo de un nuevo principio o vehículo: el MENTAL.

Hasta este momento evolutivo, la mente solo reflejaba las astralidades de la vida inferior, pero sin tener vida independiente y propia. A partir de esta nueva etapa, el principio mental irá adquiriendo ‘materia’ en su propio plano hasta convertirse en un “cuerpo mental”. Esto será desarrollado brevemente a continuación.

Ya saben los estudiantes lo referente al funcionamiento de la mente en dos niveles: el manas inferior, y el manas superior. La mente inferior es la que, antes de su desarrollo, solo refleja la vida del deseo, y en la que luego sucede la actividad intelectual, teniendo relación todo esto con la vida del ego inferior. La mente superior se relaciona con la vida del alma. En vano sería ahondar en este tema aquí… Presuponemos que el estudiante que lee estos mensajes ya lo ha estudiado; y en esa base proseguimos.


La mente posee, al igual que en el desarrollo del principio astral, un desarrollo gradual que puede entenderse como sigue.

En la etapa posterior a la 2ª iniciación, Devas especiales trabajan en el cerebro del peregrino produciendo ajustes específicos que son la preparación para la nueva etapa que deberá vivir de aquí en adelante. (Se ha llamado a estos Devas “Ajustadores del pensamiento”, “Agnishvâttas”, “Hijos de la Mente”, Portadores del Fuego”, etc.).

Una vez hechos los ajustes preliminares básicos y necesarios en el cerebro y su correspondiente red etérica, el peregrino siente una intensa inclinación (por influencia superior) a la investigación, a la lectura y al estudio. Comienza una polarización de la vida general del peregrino hacia el plano mental. Diversas opciones aparecen ante sí, como posibilidad para canalizar y saciar su interés de saber, de conocer, pudiendo inclinarse (hablando genéricamente) por las ramas científica, filosófica, metafísica o inclusive religiosa, pero vinculada a la actividad del intelecto y de la inteligencia, puestos al servicio del descubrimiento de la verdad.

Aquí se presenta un error en muchos estudiantes. Intelecto no es sinónimo de inteligencia. Mientras el primero se mueve en el mundo de las teorías y conceptos; el segundo es el intelecto influenciado por la luz de Buddhi.

El desarrollo de la mente puede dividirse en 2 etapas, (aunque estas divisiones sean solo con el propósito de explicar, ya que los límites entre ambas etapas se confunden y disipan en la continuidad del proceso).

La 1ª etapa de desarrollo mental comienza con el vivo interés del peregrino por el estudio y la capacitación; surge en el individuo la necesidad de saber, de descubrir. Aquí comienza el recorrido, que será arduo, ya que el nuevo estudiante pasará por etapas de compromisos con sus estudios y de posterior desconsuelo, muchas veces, al ver destruidas sus antiguas teorías por nuevas etapas de comprensión durante su desarrollo. Esto ocurre por que al principio el estudiante toma por “verdad” aquello que estudia. Es su energía de “entusiasmo” lo que lo lleva a tener una actitud de apego con las ideas que está estudiando e investigando. Este entusiasmo y apego es una nota característica de las etapas iniciales del estudiante, que lo lleva en ocasiones al fundamentalismo ideológico o religioso.

Esta primera etapa tiene que ver con la adquisición de las capacidades de razonamiento y pensamiento lógico, analógico y comparativo: las primeras pautas en el camino de la correcta “reflexión”. Cuando esta etapa va siendo conquistada, una nueva luz brilla en el aura del peregrino y proviene de la materia mental intelectual ya vibrando con sus formas y colores correspondientes.

Entre esta 1ª etapa y la 2ª que le sigue no existe una marcada división, sino que es un proceso gradual. El pasaje de una etapa a la siguiente ocurre al ir vitalizándose cada vez más la región más sutil de manas. La evidencia de esto es que el hombre aprende a llegar a conclusiones universales a partir de hechos particulares; esto lo realiza a través de la abstracción mental, lo cual solo puede ser efectuado con la mente superior. Se convierte así, poco a poco, en un “pensador causal”. Estos desarrollos quedan en evidencia a los ojos del clarividente.

Ahora bien: en esta segunda etapa de desarrollo de la mente, energías de la región de Buddhi comienzan a hacerse sentir cada vez con mayor claridad, lo cual da lugar al pensamiento creativo, inspirado o intuitivo; es decir, no como resultado del proceso discursivo de la mente racional, sino como luz inspiradora y reveladora de verdades esenciales, que con originalidad irrumpen en el espacio mental del estudiante.

Se recuerda que, mientras este proceso acontece con más recurrencia, mientras tanto, el proceso de desarrollo del vehículo astral sigue su curso.

Para dar un fin a esta instrucción, que no pretende ser tan solo teórica, sino señaladora de un destino mejorado para los estudiantes, diremos que, para las etapas de desarrollo del ASTRAL la condición necesaria es la entrega en Fe; mientras que para el feliz desarrollo del MENTAL lo necesario es la apertura siempre presente, durante todo el proceso de desarrollo de este principio.

La ‘entrega en fe’, está referida a “dejarse rehacer” durante el período de confusión y crisis psicológica que el peregrino atraviesa especialmente durante la gran purificación a la cual se somete internamente en la 2ª iniciación. La ‘apertura’ es la cualidad básica para el desarrollo del vehículo mental, cualidad necesaria para no quedar varados por más tiempo del necesario en conocimientos fijos, ya que todo se mueve, siempre, hacia ámbitos de mayor expansión y comprensión. Ambos aspectos, la entrega y la apertura precisan de una condición básica muy importante: el DESAPEGO.

Se forma así un ‘triángulo’ vital para el desarrollo evolutivo de cualquier estudiante:

ENTREGA – APERTURA – DESAPEGO

Quedará en vosotros, estudiantes de la vida, el analizar esta transmisión, para observar y ver dónde debéis ajustar las llaves internas, para vuestro progreso.

En Paz y sintonía con vuestras almas:

                              Hermanos de ERKS.