lunes, 30 de junio de 2014

48- LA JERUSALÉN MESIÁNICA


            Amados estudiantes:
                                               El Sol ha traído esta vez una enseñanza oculta para ser develada a vuestras almas: “LA JERUSALÉN MESIÁNICA”.
            Entrad en la lectura del Apocalipsis Bíblico, el Libro de Revelación, en el capítulo 21, y veréis la descripción de vuestra naturaleza interna más elevada:

Vuestra Divina Presencia “Yo Soy”

            Leed con atención el capítulo citado y observad en las descripciones de la “Ciudad Santa” las características y cualidades del ESPÍRITU SOLAR en su descenso al corazón del ser humano. El chakra cardíaco del hombre posee “12 energías”; es el ‘Loto de 12 pétalos’ que describe la filosofía hinduista. Estos 12 pétalos deben desplegarse a través de la evolución hasta que la Flor del Alma esté totalmente desplegada. También existen 12 pétalos internos dentro del Loto de 1000 pétalos de la corona, en la cúspide de la cabeza del ser humano, que lo pone en contacto y armonía con las esferas superiores. Ambos Lotos, el coronario y el cardíaco, están místicamente conectados.
            Los “12 pétalos”, en ambos centros, son 12 entradas del Espíritu de Dios, es decir, de vuestro “YO SOY” Divino, el auténtico Ser del Hombre. Hablamos de “12 entradas” porque cuando se han abierto y desplegado los 12 pétalos del Loto Cardíaco en el Hombre cada pétalo es una ‘lengua de Fuego’ de una especial Virtud, y a la vez es una “Puerta” por donde el Espíritu Universal de Cristo puede entrar para derramar sus bendiciones de ‘Vida Una’ a los mundos materiales.

            Por este motivo os decimos:

            “Vosotros sois la Puerta por donde el Sol Crístico ha de derramar sus bendiciones como un verdadero Manantial de Vida Divina”.
           
            Esto es posible tan solo cuando el peregrino se ha purificado lo suficiente y ha madurado en su interior un sentido de conciencia de “Yo Trascendente”, es decir, cuando ha abandonado las tretas del ego inferior y finalmente se ha entregado al Sol Divino en su interior. Cuando tal condición de vida interna ha sucedido el Sol Búdico-Átmico ‘desciende’, o bien, ‘se enciende’ en “la Plaza central de la Ciudad Santa”, el CORAZÓN y la CORONA y despliega sus coloridas cualidades, tal cual lo expresa el capítulo 21 del Libro del Apocalipsis.
            Tal libro es un libro de “Revelaciones”, porque revela la Iluminación crística del Hombre, pero, claro está, que la forma simbólica en que se ha escrito ha confundido a los inexpertos, a los que todavía no tenían “ojos para ver”. El Libro Profético de Juan solo ha podido ser bien entendido por quienes han transitado cierto tramo interno del Sendero Iniciático; pero poco a poco las verdades confusas y ocultas a los ojos del profano se van develando, para que aquello que estaba velado salga a la luz, y todos puedan ver.

            Con el Advenimiento de la Conciencia Divina al hombre “ya no habrá noche” porque la Luz estará por sí misma encendida, viva, como Lámpara eterna en su interior. Esa Luz será la Conciencia del ‘YO SOY’ despierta, activa y operante; esta es la Lámpara Búdica del Amor brillando como un Sol en el alma victoriosa del Hombre.
            En quien el Sol vive y reina como conciencia despierta y trascendente ya no hay “altares” de adoración, ni búsquedas de guías o ‘gurús’; y ya no existe oscuridad por que el YO SOY eterno lo ilumina todo con Su Luz propia. Este YO SOY es el Sol Crístico-Espiritual (Búdico-Átmico), la Nueva Jerusalén, es decir, la nueva conciencia de SER en el Hombre. (Ver mas detalles de este tema en http://gnosissolar.blogspot.com/2013/07/merkabah-nuevas-revelaciones-acerca-del.html).

            Entrad en el Apocalipsis Bíblico sin temor, con la Conciencia de la Presencia “YO SOY”, y entenderéis con claridad que todo lo que allí se describe es el proceso de purificación interna y el consecuente despertar Crístico-Solar, tanto a nivel del individuo como a nivel de la Humanidad.
            Que la Paz Solar mueva en vosotros a la reflexión inteligente, profunda y fecunda.


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